Acompañar




Hay amigos que quedan de épocas antiguas, 
de la infancia, de la escuela, de algún deporte,
personas con las que ya no tenés nada en común,
pero con las que los reencuentros dejar ver destellos,
de quiénes fuimos, de los momentos felices compartidos.

Hay amigos que surgen de vínculos que se transformaron,
de una pareja que dejó de funcionar,
de mucho dolor y duelo de lo que no fue.
A veces con el tiempo podemos volver a encontrar en el otro
esas cualidades, esa comodidad, esas sonrisas y esas charlas,
que te hicieron enamorarte en primer lugar.

Hay amigos que son familia,
y familia que es también amistad.
Hay una apertura del término que permite resignificar vínculos,
y madre, hermano, prima, son también amigos.
Hay una ambigüedad del lenguaje,
que hace que amistad y amor puedan ser casi sinónimos en algunos aspectos.

Hay muchas formas de amar, cada uno tiene la propia.
Está la aprendida en casa, durante la infancia,
y la adquirida a base de lo que no se desea repetir.
Está la basada en las palabras y los gestos,
y también la que prioriza el tiempo compartido.

Para algunos estar enamorados es no tener secretos,
para otros es vivir juntos y tener proyectos,
para mí que soy muy inquieta,
amar no está atado al tiempo ni al espacio,
es algo perdurable pero no estático,
es algo que se transforma siempre,
pero también mantiene algunos detalles.

Para mí amar es estar para el otro,
como aprendí de mis viejos de chica.
Es la incondicionalidad y la presencia implícita,
es el te acompaño aunque no estoy de acuerdo,
es el me podés llamar siempre, aunque no hablemos por largos períodos de tiempo,
es el abrazo que protege y el silencio que llena el vacío.


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