LA HABANA Y NUEVA YORK

Tuve la suerte y el apoyo de mi familia y amigos, para poder hacer dos viajes fascinantes en un lapso muy corto de tiempo (teniendo en cuenta que por el momento soy una docente desempleada / eterna estudiante). Con menos de tres meses de diferencia pude estar en los dos extremos del mundo, no geográficamente, sino como sistemas sociales, económicos y políticos: Cuba y Estados Unidos; países separados por un poco más de 100 kilómetros pero que parecen ser planetas habitados por especies que solo tienen en común algunos rasgos de la forma humana.
El contraste es impactante e invita a la reflexión, siento la necesidad de compartir mi visión con aquel que tenga ganas de leer un poco, y si alguien quiere aportarme su punto de vista para seguir reflexionando será más que bienvenido.
Por un lado la ciudad de La Habana, bastante ”pervertida” por el turismo que resulta ser la principal industria del país, pero que no perdió su aspecto de haber sido congelada en el tiempo hace casi 60 años: las casas antiguas pintadas de colores, el malecón, los adoquines en las calles, los autos antiguos restaurados, las carretas con sus caballos, las pizzas y los batidos, la guayaba y la fruta bomba, el ron y los puros, los niños y niñas corriendo por la calle y jugando por todos lados, las familias sentadas en la vereda, con las puertas de las casas abiertas y la música fuerte, bailando, cantando, charlando...
Los barrios de la capital cubana son una fiesta constante, los vecinos se conocen entre todos… tal vez no sean amigos, tal vez hayan discutido alguna que otra vez (lo de la “sangre caliente” de los centroamericanos es muy real), pero vivieron juntos el período especial, se ayudaron entre ellos, pasaron hambre juntos… El lazo creado entre ellos por las necesidades y los valores con los que fueron educados en el socialismo, hacen que todo el pueblo cubano sea una gran familia, siempre dispuesta a compartir lo poco que se tenga, a pensar en los niños y las niñas primero, y en todos los demás antes que en uno mismo, a ser amables, a ayudar a lo que sea a quien sea, y siempre, siempre, agradecidos con la vida, disfrutando del día a día, por más difícil que sea y por más que pese la preocupación de no saber si alcanzará para mañana.
Los cubanos le sonríen a la vida todo el tiempo, aunque tal vez ésta no siempre fue justa con ellos. Ellos saben que trabajan para el pueblo cubano, para ellos mismos; saben que tal vez la variedad escasee, falten algunas comodidades y haya que trabajar más duro a veces, pero que el Estado no les va a quitar su trabajo y que a sus hijos nunca les va a faltar un techo, comida, educación y salud.
Después de tres semanas en Cuba me fui feliz, llena de energía, convencida de que estoy luchando por los ideales correctos, de que la única alternativa para salvar a la humanidad es extender el ejemplo de Cuba al mundo entero. El camino tiene como destino final el comunismo y la guía para llegar a la meta son las ideas del Che, construyendo con el ejemplo y el trabajo colectivo; invirtiendo en salud, educación y vivienda para todos y todas; pateando a los yankis de vuelta al norte y a toda empresa extranjera que se robe lo que producimos.
Estimado lector, no piense que soy ciega, o que solo vi lo que quise ver. Vi las carencias del pueblo cubano, vi gente disconforme, gente que se siente prisionera en su propio país… se trata de un sistema que tiene muchas cosas que mejorar y se mantiene a duras penas por desarrollarse en una isla que prácticamente no cuenta con recursos propios y porque el gigante del norte los tiene atrapados en un bloqueo que viola los derechos humanos muchísimo más que como ellos dicen que los viola la “dictadura de los Castro”. No podemos hablar realmente de socialismo en un solo país (stalinistas dejen de flashear), y no cabe duda de que la situación sería diferente si el resto de América Latina hubiese podido alcanzar al pueblo cubano durante la segunda mitad del siglo pasado… Nuestros 30.000 son la siempre presente evidencia de que nuestro pueblo fuerte y valiente hizo todo lo posible por alcanzar a Cuba y llegó muy lejos, por lo que el imperialismo llevó adelante las más inhumanas jugadas para ganar la batalla, tanto en Argentina como en muchos otros países de Sudamérica.
Retomemos los viajes. Después de un poco más de dos meses de vuelta en Argentina, con los femicidios en aumento, el gobierno destrozando la educación pública, reprimiendo al pueblo y violando los derechos de los trabajadores, el aumento del desempleo y del costo de vida; tuve la suerte de poder volver a viajar, esta vez a las entrañas del monstruo que genera las falencias del sistema cubano y que indirectamente causa nuestros problemas (así como los de muchos otros países del mundo), porque nuestro presi/empresario no es más que una marioneta del señor naranja que dirige a la mayor potencia del mundo (hago chistes al respecto para contrarrestar el escalofrío que me corre por la nuca cada vez que pienso en manos de quiénes se depositó tanto poder).
Llegué a Nueva York un día de mucho frío y lluvia y, en el muy caro transporte público (impecablemente limpio y organizado también) me desplacé desde el aeropuerto a “Downtown Manhattan” en un colectivo y un subte. Salí a la superficie en medio del “Word Trade Center” y el memorial que ocupa la manzana en la que antes se erguían las torres gemelas. Quedé tan maravillada que no dije ni pensé nada, ni siquiera me moví, por varios minutos (los que me conocen saben que no es fácil lograr dejarme sin palabras).
Las luces, las pantallas, los rascacielos con las formas más diversas y sofisticadas hacen perfecta armonía con los edificios antiguos y elegantes, todo está limpio y ordenado incluso con la gran cantidad de obras en construcción, hasta las personas se mueven de forma sincronizada (y el que no lo hace es completamente ignorado por el resto)… como en muchas otras grandes ciudades: la gente está tan cerca que podría considerarse que invaden sus espacios personales mutuamente, pero no se hablan, no se ven, no se sienten… Aunque cuando sos una turista descolocada que mira todo, muchos se sienten observados y te saludan como para disminuir la tensión. Me gustó lo de saludar más a la gente, siempre me dan ganas (a veces sigo el impulso, otras no) de saludar a la persona que se sienta al lado en el colectivo o a la que se para atrás en la cola de la caja del supermercado, por ejemplo.
Nada es aleatorio en la maravillosa Nueva York, las bellas luces son publicidades y más publicidades para promover un consumo cada vez más innecesario. Todo aquel que te atiende en un local o te ayuda con el transporte público es super amable y educado, te escucha y explica con paciencia. Lo extraño es que no parece natural, se siente ficticio, robotizado… ¿qué será que les pasa por la mente?, ¿piensan por sí mismos o solo creen que lo hacen?, ¿la amabilidad es intencional o es un reflejo espontáneo porque están programados para eso?, ¿será que todos tienen miedo de perder el trabajo si alguien se queja de ellos?
Todos parecen candidatos ideales a “empleado del mes”. Las personas trabajan cada vez más horas (hasta 100 horas semanales en el distrito financiero, los fines de semana o los francos no existen para muchos), para conseguir un ascenso, para mejorar y negociar un mejor salario en un posible cambio de compañía (casi nadie permanece en un mismo lugar por más de 3 o 4 años)… todo para ganar más dinero, se disfrute o no de lo que se hace, porque claro, vivir en Manhattan es carísimo, pero también quieren más para poder gastar más, para volver a querer más, y seguir repitiendo un círculo ambicioso, vicioso y autodestructivo.
En eso consiste el “primer mundo”, de eso se trata perseguir el “sueño americano”. Cientos de personas darían todo por poder obtener un permiso de residencia para trabajar enormes cantidades de horas, en horarios rotativos, en trabajos agotadores, para poder tener una mejor calidad de vida, o que la siguiente generación la tenga. ¿Cuántos efectivamente alcanzan la “clase media” y tienen una casa propia?, ¿cuántos hijos de esas personas logran llegar a la universidad?, ¿lo logra la segunda, la tercera o recién la cuarta generación con un poco de suerte? Porque los campus universitarios son maravillosos, el sueño de todo estudiante… económicamente inalcanzable para muchos (me atrevería incluso a decir: la mayoría).
Los neyorkinos se enorgullecen de que la ciudad nunca duerme, podés encontrar lo que quieras en cualquier horario de cualquier día de la semana. Pero, ¿nadie se da cuenta de que eso implica que haya gente en esos lugares? Familias que no pueden almorzar ni cenar juntos ningún día de la semana, niños y niñas que no ven a sus padres y madres en todo el día y, si llegaran a casa cuando todavía están despiertos, probablemente están demasiado cansados para jugar o pasar tiempo con ellos.
La producción capitalista, sin freno alguno en el ”libre mercado”, se desarrolla hacia donde quiere y con el ritmo que le plazca a los grandes empresarios; pero son los estresados, cansados y ansiosos empleados los que ponen el cuerpo para que la burguesía se llene queda vez más los bolsillos. Al empleado tal vez le corresponda un pedazo de la torta, pero es mínimo en comparación con lo que gana la empresa. Sin embargo, criados durante generaciones dentro del sistema, los neyorkinos ni siquiera se quejan, sino que aceptan como natural el dedicarle casi la totalidad de su tiempo en este mundo a un trabajo que, no solo no los llena, sino que los desgasta y les trae problemas de salud a largo plazo (para nadie es saludable dormir solo 4 horas, tener que estar a disposición las 24 horas del día, tener horarios rotativos o terminar comiendo comida rápida siempre para no perder tiempo).
En cuanto al “pensar”, este segundo viaje logró reafirmar más todavía mis ideales, así como también que le tema un poco más al poder de las construcciones sociales impuestas por los medios, porque no puedo entender como todos repiten como loros que Estados Unidos es el “primer mundo”, y que, algún que otro iluso políticamente ignorante, crea que a Argentina le permitirían llegar a desarrollarse y a ser así... Además de no entender que las grandes potencias lo son porque se paran sobre nosotros y nos aplastan, y bajo ninguna circunstancia van a perder sus soportes (podemos retomar el ejemplo de los 30.000 para ver hasta donde puede llegar el imperialismo para no perder “sus recursos”), ¿se detuvieron a pensar a qué están aspirando?, ¿miraron un poquito más allá de la falsa realidad que pintan las películas de Hollywood?
Como hija de madre, padre y abuelos recontra re trabajadores, agradezco haber nacido en Argentina y no allá, porque mis viejos no solo se ocuparon de que no me falte nada, sino que jugaron conmigo y me ayudaron con las tareas toda mi infancia, y estuvieron ahí para retarme y ponerme límites durante la adolescencia… porque aprendí que el dinero no hace a la felicidad ni compra el amor, porque tuve la oportunidad de estudiar y ahora tener la profesión que amo, elegida sabiendo que nunca voy a ganar mucho dinero enseñando, pero que mi corazón va a estar repleto siempre.
Y con respecto al “sentir”, vuelvo Argentina con un amor tremendo a la naturaleza humana, a las personas, a los pueblos… porque por más que seamos los causantes de muchos males, en cualquier sistema hay buenas personas, gente generosa, hombres solidarios, mujeres que sonríen, niños que nos enseñan más que nosotros a ellos, niñas que quieren cambiar el mundo… Y somos nosotros, los pueblos del mundo los que tenemos el poder de cambiarlo todo, aprendiendo unos de otros, respetándonos y defendiendo nuestros derechos juntos.




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