INSOMNIO

A veces me despierto en medio de la noche con miedo.

Las michis duermen al lado mío, calentitas, enroscaditas y tranquilas, ellas no me despertaron.

No recuerdo haber tenido alguna pesadilla.

Me quedo muy quieta y agudizo el oído: el ventilador, el ascensor, algún colectivo a lo lejos, alguna ventana vecina que se cierra. Me concentro hasta que identifico todos los sonidos.

A veces salgo al balcón, examino los oscuros techos de los alrededores, espío las pocas ventanas iluminadas del centro de manzana y miro las estrellas. Una de las michis sale a mirar atenta conmigo, la otra abre un ojo cuando me levanto, se acurruca sola y sigue durmiendo.

Examino todo, pero lo que me despierta no está en el exterior, está adentro, muy adentro, escondido entre el pecho y la garganta, puedo sentir su presencia, su presión, justo ahí, en un punto exacto, unos 5 centímetros por dentro. 

Lo que me despierta es la angustia latente, el miedo a lo impredecible, la ansiedad. Lo que me despierta es parte de mí, es esa emoción sin nombre, es cuando todo se apaga, es cuando todo se oscurece, es cuando mirás por la ventana y ves los colores del día pero no podés apreciar su belleza.

Lo que me despierta es la idea de que estoy bien pero podría no estarlo, es la lucha interna por la aceptación de que con los trastornos de ansiedad se convive, se integran al resto de tus emociones y nunca se van, están ahí en el pecho, acurrucados en ese rincón la mayor parte del tiempo.

Por suerte tengo un par de michis hermosas que me miman hasta que puedo abandonar los malos pensamientos y volver a dormir...



 

Comentarios

Entradas populares