Sobre amor, cotidianidad y otras cosas


Era una noche cálida de primavera que parecía verano y yo cabeceaba sobre la mesa mientras esperaba a que él llegue. Me había dicho de vernos esa noche y yo dije que sí, aunque me dolía la cabeza y estaba muy cansada, porque hacía semanas que no dormíamos juntos, estaba siendo difícil coincidir y lo extrañaba mucho. Como veníamos de desencuentros y malos entendidos por teléfono, me esforcé porque sea una noche agradable: ordené un poco el departamento; fui al súper a comprar para cenar pasta y un chocolate de postre; me bañé, me depilé las piernas, me acomodé el pelo, me puse corrector para tapar las ojeras y hasta perfume; prendí un sahumerio y prendí luz más suave.

Cuando él llegó cenamos y levantamos la mesa, y mientras yo limpiaba la mesa, él se tiró en mi cama. Cuando terminé le pedí que me hiciera un lugar y rodó unos centímetros sobre la colcha; le pregunté si podía correrse para abrir la cama y en vez de levantarse rodaba de un lado a otro; le pregunté si iba a dormir vestido, sabe que no me gusta que se acueste en las sábanas limpias con la ropa de calle; "entonces duermo acá", me dijo, de malas maneras, rodó y se puso de espaldas a mí. Le apagué la luz y salí al balcón, lloré en silencio un rato.

Estaba frustrada y muy cansada. Venía de una noche en vela por noticias de mi mamá que estaba internada y de varias noches de no dormir más de dos horas; hacía varias semanas que la angustia y la ansiedad se llevaban casi todo de mí, que no podía salir de casa más que para cumplir con ir a trabajar, que me costaba mucho estar con gente, que me daba miedo casi todo... Le había dicho que necesitaba un abrazo, él se ofreció a venir, a darme ese abrazo, a dormir al lado mío para que yo me sienta a salvo y pueda descansar mejor.

"¿Te enojaste?", me preguntó cuando volví a entrar y me hice bolita en la parte de la cama en la que había logrado abrir la sábana, pero no se dió vuelta para mirarme.

"No"  le respondí mirando su espalda, y unos segundo después agregué "Estoy triste, siento que me tratás mal...".

Hablando con una amiga la noche siguiente me dice "¿y por qué no te enojaste?  si llorabas tendría que haber sido de bronca ante semejante desaire..."  Me quedé muda un rato, procesando eso, llorando un poco más, pensando en cómo yo no me enojé con él, no le dije que me parecía mal que llegue, coma y se acueste cuando yo le había pedido que me acompañe y me abrace por todo lo que me estaba pasando esas semanas y él solo se había ofrecido a venir... Él ofreció una ayuda que después no supo dar y yo lloré y me callé la boca en vez de hacérselo ver y charlar al respecto. Charlamos un rato largo, sobre como hasta las feministas, las que hace años que cuestionamos mandatos, las que no construimos parejas tradicionales, dejamos pasar ese tipo de actitudes, esas deslavorizaciones hacia las pequeñas cosas que hacemos que tantas veces resultan invisibles para los varones, incluso para esos varones que están en proceso de deconstrucción, que son conscientes de muchas cosas que otros no, que acompañan la lucha feminista desde un lugar de escucha y aprendizaje... Charlamos mucho rato, nos abrazamos a la distancia, pensamos en cuánto nos necesitamos entre compañeras, en cuánto avanzó el feminismo y cuánto nos falta... hablamos por teléfono hasta que finalmente me dormí, después de días. Finalmente me sentí a salvo y pude descansar, con la voz de mi amiga, no en los brazos de alguien que pensé que había venido a ayudarme.

Esa fue mi última noche con él, y está bastante desdibujada en mi memoria. Después de tantos días sin dormir, mi cabeza no funcionaba, no entendía lo que estaba pasando, no entedía lo que él me decía, no sabía qué sentía yo ni podía expresarme. Pero recuerdo que entre llantos y abrazos finalmente él me dijo que necesitaba estar solo un tiempo, decidimos separarnos y yo me quedé con el corazón roto para sumar a la angustia y a la vez un poco sorprendida de cómo cuando me parecía que mi cuerpo no podía con más tristeza y mi cabeza colapsaba; con amor, con ayuda, con acompañamiento, con siceridad... en realidad podía mucho más de lo que pensaba, en realidad era mucho más fuerte de lo que creía, en realidad esas angustias y esa ansiedad que tanto rechazaba, estaban ahí para enseñarme un montón, principalmente, que no estaba sola y que si me abría a la posibilidad, había mucho amor para recibir de otras personas y también, si me lo permitía, de mí misma.

Comentarios

Entradas populares