Mi abuela murió un día sábado

Mi abuela murió un día sábado. 

Ese día mi mamá estaba de visita en Rosario y cuando le avisaron que estaba grave se volvió en le primer colectivo que consiguió. Esa tardecita yo fui de mi hermano,  no se bien para qué, capaz solo para esperar la noticia juntes. Su novia había hecho pizzas esa noche y, mientras las sacaba del horno para comer los tres juntos, llegó el mensaje de mi papá que nos avisaba que se había muerto. Leí el mensaje dos veces, la primera en sielncio y la segunda en voz alta, para que escuche mi hermano. 

Nos sentamos los tres a cenar en silencio y cuando terminamos me fui a la terminal para tomar el último colectivo del día. Él no quiso venir conmigo, dijo que viajaba al día siguiente. Me enojé un poco, pero no sabía realmente porqué. 

La realidad era que no se podía hacer nada, era ir a acompañar a mi mamá y ya. El viaje de 3 horas resultó eterno, no importaba cuánto lo pensara, igualmente me iba a sentir incómoda en la casa velatoria.

LLegué y toda mi familia estaba ahí: mi abuelo, mi tía abuela, mis tías, sus maridos, mis primas y mi primo, incluso sus parejas y algunes amigues. Me reí internamente: si siempre éramos un montón en un asado tenía sentido que seamos igualmente un montón copando la casa velatoria. La gente del velorio de al lado nos debe haber odiado: éramos un montón y hacíamos demasiado ruido dadas las circunstancias.

Abracé a todes y hasta intenté cumplir con el rol de cuidadora que siempre me tocó por ser la prima mayor y consolar a las más chicas. Hice lo que había que hacer, estuve dónde tenía que estar, pero todo el tiempo sentí que no pertenecía, ni siquiera estando con mi propia familia.

Me pasa seguido lo de la no pertenencia, por no decir que en realidad me pasa todo el tiempo, pero escondo la sensación en un rincón para funcionar socialmente. Tenía que apagarme para no demostrar lo que me pasaba: yo no estaba triste de que se haya muerto, ella era infeliz, sufría, a mi criterio su sufrimiento se extendió más de lo necesario.

Capaz es porque me siento diferente, capaz es porque pienso distinto, capaz es porque nunca me dió miedo la muerte, capaz es porque ya en esa época había indicios de los pensamientos suicidas que tuve mucho tiempo después durante largos meses.

Floté fuera de mi cuerpo la mayor parte de esos días, aunque lloré mucho por ver sufrir a mi abuelo y me ofrecí voluntaria para ir a buscar papeles en medio del entierro porque cuando llegábamos al nicho mi tía abuela empezó a decir que la iban a poner en "su lugar" y me dió un ataque de risa. Saí al estacionamiento y tardé unos minutos en volver porque no podía contenerme.

La burocracia nos sigue hasta la muerte y habían confundido los nichos que las dos habían pagado durante tantos años. Hermosa ironía de la vida, o de la muerte. Pocas cosas tengo claras en la vida, pero desde ese día espero no pertenecer nunca a un cajón en ese cementerio tan deprimente. Me gustaría que me cremen y esparzan mis cenizas en algún lugar natural con todo el romanticismo, aunque no se quién haría eso, mi hermano capaz.

Tal vez no le tenga miedo a la muerte pero no por eso soy menos cobarde. Tal vez los pensamientos suicidas no sean frecuentes pero no por eso están sueperados. Pero no se trata de valentía, no hay valentía en no tenerle miedo a la muerte, la valentía es no tenerle miedo a vida.

 

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