SALIR DEL PAÍS EN PANDEMIA
Pasaje carísimo, nervios por cancelación de vuelos y por el test que tenía que dar negativo, ansiedad por estar en un espacio con tanta gente, miedo de sacarme el barbijo hasta para tomar agua, alcohol en gel a niveles obsesivos cada 5 minutos porque nunca estaba segura de si había tocado algo, muchas horas sin dormir, mucho cansancio...
Lloré en el vuelo, porque después de más de un año de tener contacto con muy pocas personas y de no ir a lugares para no correr riesgo, me metí por voluntad propia en un tubo metálico con un montón de gente. Lloré también porque estaba feliz de haber enfrentado mi miedo, gracias a que tenía la motivación más fuerte que podía haber tenido: abrazar a mi hermano y estar en el casamiento de mi hermanita esquimal.
Fue un alivio ver que podía volver a ser un poquito "yo" de nuevo postpandemia, al menos en una que quería recuperar porque me hace feliz: la fanática de los viajes. Resultó un intinerario bastante improvisado, porque nunca estaba segura de si podía pasar por una frontera, por querer diminuir al máximo posible la cantidad de hisopos caros en mi nariz, por tratar de estar lo menos posible en zonas con altos niveles de contagio por miedo a enfermarme sola en otro país, porque no tenía forma de predecir el regreso con las restricciones de ingreso a Argentina, que resultaron más inestables que mi humor en pandemia. Igualmente, fueron unas semanas maravillosas, llenas de amor, llenas de descubrimiento y que me permitieronn sumar una banderita más a mi termo que me acompañó en la mayoría de los viajes que pude vivir.
Soy muy consicente de que tener la posibilidad de viajar es un provilegio, porque poder ahorrar lo es, pero siempre me esforcé muchísimo para poder hacerlo, porque viajar es una de las cosas que más viva me hace sentir, que más feliz me hace. Viajar con familia, viajar con amigxs, viajar sola, siempre VIAJAR. Conocer lugares nuevos, culturas diferentes, personas distintas... es mágico, como también lo es visitar personas tan amadas en otros lugares.
Si embargo, viajar nunca había tenido un costo tan elevado, y no me refiero solamente al económico (que con la devaluación continua de nuestra moneda y la pérdida de poder adquisitivo constante de nuestros salarios es más que significativo), sino al emocional: no saber cuándo vas a poder volver a tu casa es aterrador, y yo "tuve suerte": solo me cancelaron una vez el vuelo, me lo querían reprogramar a 3 meses de la fecha original y finalmente, después de 30 horas en el aeropuerto angustiada y en lista de espera, pude volver a Argentina.
En el aeropuerto, para el vuelo en el que eventualmente me subí yo, éramos más de 20 personas con PCR negativo al día, a las que nos despacharon equipaje, nos hicieron pasar por los controles de seguridad, y nos dejaron literalmente en la puerta del avión hasta último momento: suben lxs pasajerxs con asiento confirmado y esperan hasta la hora de cierre de puertas, entonces empiezan a llamar por altavoz a las personas que no se presentaron y todxs los que estamos esperando cruzamos los dedos para que no aparezcan: no sabemos porqué una persona no vino, pero significa un lugar más, una chance más de poder subir. Mientras tanto, por si el estrés de lograr quedar en lista de espera, los chequeos de documentación y las 30 horas en el aeropuerto con miedo a contagiarme de covid, no hubiesen sido suficiente estrés, mi cabeza no paraba de dar vueltas, pensaba en esas personas que llamaron varias veces por el altavoz y no aparecieron... ¿y si a algunx le dió covid y está grave y yo me estoy alegrando porque no vino?, ¿algunxs capaz no viajaron directamente por las restricciones?, ¿o solo llaman a lxs que tienen hecho el check-in?, ¿no habrán llegado al aeropuerto?, ¿y si tuvieron un accidente de tráfico o algo así?.... ¿soy la persona más horrible del mundo por alegrarme de que no llegaron y sumarme a lxs demás presentes que pedían que dejen de llamar personas que no estaban porque ya había pasado el horario de cierre de puertas? Fue entonces cuando empezó la lotería: llamaron por altavoz al primer nombre de los que estábamos en espera y, antes de subir al avión, nos dijo por lo bajo a los demás que le parecía que había 8 lugares libres; el segundo nombre que dijeron fue el mío, me costó creerlo, se ve que una vida no haber ganado jamás un sorteo de nada me permitió "acumular suerte" para ese momento. Me temblaban las manos y no podía darle el pasaporte a la empleada que volvió a revisar mi documentación. Subí al avión lagrimenado de la emoción y sintiéndome culpable por la nena que esperaba al lado mío y lloraba cada vez más fuerte (era la segunda vez que estaba en lista de espera con su papá, les habían cancelado varias veces el vuelo para poder viajar a visitar a su mamá en Argentina y lloraba en silencio desde que vio cuántos éramos esperando). Después de mí subieron otras dos chicas con las que casi nos habíamos hecho amigas en todo ese rato de nervios y ansiedad compartida; subieron también un par de personas más, pero la nena y su papá no. Por suerte, tampoco subió una pareja cheta infumable de abogados que estaban re densos exigiendo cosas mientras embrcaban las personas con asiento asignado, argumentaban que porque habían pagado asiento para ese mismo vuelo tenían que subirlos aunque no habían entrado en el cupo. No hay criterio: nadie te dice cómo eligen qué vuelos se cancelan ni como se seleccionan a lxs pasajerxs que sí viajan (porque el avión "vuelve" a Argentina a mitad de capacidad entonces le cancelan el viaje a la mitad de lxs pasajerxs), tampoco te dicen cuál es el orden de prioridad en la lista de espera, que a algunxs lxs anotan y a otrxs les dicen que no hay lista, no contemplan cuestiones de salud ni dan prioridad a los residentes argentinxs, es cuestión de "suerte" y nada más: algunxs vuelven en el vuelo que compraron originalmente y otrxs se tienen que bancar varias reprogramaciones. Las aerolíneas culpan al gobierno argentino y no se hacen cargo de que, más allá del cupo de ingreso, ellos son los que no te responden el teléfono, los que no te ofrecen ninguna reprogramación y/o solución, los que gestionan mal las cosas.
Me estresé más ese día en el aeropuerto que con cualquier final de la facultad y, una vez llegada a casa, tampoco es que se terminó y ya está todo bien: el aislamiento posterior, otro PCR, esperar el resultado con ansias... porque con 3 hisopados en la última semana igual tenés miedo de haber traido la variante Delta al país: ¿y si cuando comí en el aeropuerto le respiré cerca a algune empleade sin darme cuenta?, ¿y si toqué algo y contagié al conductor del transfer de vuelta a casa?, ¿y si le toqué la mano sin darme cuenta a alguna de las personas que vinieron a traerme envíos?, ¿y si no me di cuenta que se me movió el barbijo e infecté el ascensor y contagié a algún vecino? Fue emocionalmente debastadora la semana encerrada, lo único bueno fue que pude hacerlo en casa con las michis.
Ya se que lo que cuento es solo mi caso particular, quienes me conocen saben lo responsable que fui con los cuidados toda la pandemia, soy un caso particular que decidió salir del país en pandemia porque necesitaba poder "hacer algo" de lo que había planeado antes del covid, necesitaba sentir que mi vida seguía de alguna forma no tan basada en el día a día a pesar de la pandemia, necesitaba intentar estar en el casamiento de mi hermana como tanto había deseado desde que se comprometió, necesitaba abrazar a mi hermano, porque en mi caso particular, la salud mental suele ser la que más descuido y por la que más necesito tomar medidas desde que empezó la pandemia (lo del barbijo, el distanciamiento y la desinfección lo automaticé enseguida). Se que hay personas que quedaron varadas que viajaron por motivos laborales y de salud, se que hay personas que se gastaron todos sus ahorros por quedar varadas; mi caso es particular, me hago cargo de las decisiones que tomé y soy consciente de la suerte que tuve. No escribo para criticar las medidas sanitarias, cuando estaba muy frustrada al respecto alguien me dijo que mil personas que pierdan los ahorros de su vida, viajes o lo que sea, no se equiparan a una muerte por covid que podría haberse evitado, y yo coincido totalmente. Solo comparto mi reflexión, mi caso particular, para que algunx de todxs los que andan lapidando viajerxs sepa que no todxs somos chetxs en Miami, que hay tantos motivos y situaciones como personas, y que es muy difícil dimensionar la situación hasta que no te pasa; porque por más que firmes la DDJJ, que tengas ahorros extra y hables en el trabajo por si se extiende unas semanas más tu viaje, nunca te imaginás que te van a querer reprogramar el regreso a casa para 3 meses después de la fecha original, ni todo el odio que vas ver en los medios dirigido a personas comunes, como yo, que seguí lo mejor que pude todas las recomendaciones sanitarias, aunque me equivoqué algunas veces como todxs, y que solo quería volver a abrazar a mis hermanxs.


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