Diciembre, mágico y poderoso diciembre...

Para las jornadas del 19 y 20 de diciembre yo tenía 10 años, mi hermanito 7, la escuela ya había terminado, el calor aplacaba hasta a los niños y niñas más enérgicos, nos levantábamos a la mañana, en bombacha y calzoncillo, le dábamos un beso y un abrazo a mamá y nos sentábamos a desayunar chocolatada y tres masitas melba cada uno, mientras mirábamos dibujitos.
Pero esa mañana fue diferente. Cuando nos levantamos estaba puesto el noticiero y mamá lo miraba preocupada, asustada. Recuerdo pensar que parecía cosa de película tantos tiros y golpes. No entendía qué estaba pasando, pero había visto a mi familia preocupada hacía algunas semanas: mi abuelo había insistido en que todo el dinero que tuviéramos lo cambiáramos a dólares por un buen tiempo, mi mamá compraba latas y paquetes de fideos y los guardaba “por las dudas”, mi abuela nos decía que no nos preocupemos, que eran cosas de grandes y que todos íbamos a estar bien…
Ese verano “el ajuste” se sintió en la economía familiar: mamá y papá estaban preocupados; las melba y el jugo pasaron a ser cosa del fin de semana. Nosotros tuvimos suerte, mamá y papá seguían teniendo trabajo, seguían pudiendo darnos todo lo que necesitábamos, se aseguraron de que no nos falte nada y nos protegieron del descontento general de la sociedad. Años después me enteré que no para todos fue así.
16 años después, como en un perverso juego, completamos la vuelta y volvimos al mismo lugar. Se siente diferente esta vez y por momentos quisiera la burbuja de mamá otra vez, porque hay cosas que duele escuchar…
Me acuerdo como si fuera ayer, la emoción de mi abuela cuando recibió su primera jubilación. Yo no entendía, así que ella me explicó cómo funcionaba el asunto de los aportes y que tuvo que pagar para poder jubilarse. Recuerdo que me pareció tonto alegrarse por haber terminado de pagar para le paguen a ella... si a los demás les pagaban cuando llegaban a una edad y listo, ¿no? 
De más grande entendí los muchos significados detrás de eso: el reconocimiento de que ser ama de casa era un trabajo, de que haber dedicado su vida entera durante 50 años a llevar adelante una casa y una gran familia, educar y cuidar 3 hijas y 6 nietos, era un trabajo. ¿Y solo eso le pagaban por todos esos años de tan grandioso trabajo? Entonces duele… duele escuchar a un periodista en la radio diciendo que la culpa del ajuste a los jubilados la tienen las amas de casa que jubiló Cristina, sin ningún aporte. Es insoportable escuchar que haya gente en la sociedad actual que de verdad pueda pensar que nuestras abuelas, que nos cuidaron, nos cocinaron y nos llenaron de amor, sean culpables de que nuestros abuelos, que laburaron toda la vida para que no nos falte nada y podamos estudiar, ahora no puedan comprar sus remedios.
¿Tan podridos estamos como sociedad como para creer eso? ¿Es tal el poder que tienen los grandes medios de comunicación?, ¿vamos a hablar solamente de un grupo de personas con piedras y palos?, ¿no de que nuestros abuelos tienen derecho a sus remedios?, ¿o como mi abuela está en el cielo y mi abuelo puede comprar sus remedios no me tiene q importar? 
Si es así, estamos perdidos, merecemos lo que nos toque por individualistas y egoístas, dignos hijos e hijas del sistema capitalista.
Pero el pueblo salió a la calle con las cacerolas otra vez… Entonces tenemos una luz de esperanza… Todavía existe la posibilidad de que todos veamos que violento es el Estado, que sigue las instrucciones del FMI obedientemente, y no quiere pagar las jubilaciones las y los trabajadores se ganaron, con sus aportes monetarios, sudor y lágrimas… Todavía puede ser que los que critican y no salieron a la calle, la próxima vayan a ver que onda con sus propios ojos en lugar de confiar en los grandes medios y sus mentiras… Todavía podemos darnos cuenta de que la violencia que ejercieron algunos, provocada por la represión del estado, no invalida el justo reclamo de cientos de miles de argentinos… Todavía puede ser que nos demos cuenta de que el país se hunde porque votamos gobernantes que solo se interesan en llenar sus bolsillos y los de los grandes empresarios imperialistas, pero nunca se van a interesar en el pueblo… Todavía podemos darnos cuenta de que el único que puede salvar al pueblo, es el pueblo.
Por más diciembres, eneros, febreros y todos los meses del año, que encuentren al pueblo unido y dispuesto de dar batalla para defender sus derechos.



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