“Boluda... ¡correr en tetas atrás de la bandera fue lo mejor que me pasó en la vida!”

La noche antes de viajar a Chaco, al 32 Encuentro Nacional de Mujeres, un amigo me dijo que después quería que charlemos y le que cuente cómo viví la experiencia. Terminé de preparar las cosas recordando lo maravilloso que se siente tener compañeros feministas en la lucha, que apoyan el Encuentro, y también pensando en qué tarea tan difícil que era intentar explicar en palabras lo que se siente, lo que se vive, en un Encuentro.

Lo voy a intentar, y lo voy a acompañar con algunas fotos en facebook de este maravilloso fin de semana, como para ver si los compañeros y las compañeras que todavía no se decidieron a participar del encuentro, pueden tener algunas pistas…
En todas las marchas de cierre de los encuentros se canta “Qué momento, qué momento, a pesar de todo, les hicimos el encuentro”. La frase refiere a que las mujeres morimos y sufrimos violencias de todo tipo a diario, pero en la sororidad encontramos la fuerza para seguir siendo la voz de aquellas que ya no pueden hablar, nos autoconvocamos y organizamos y somos miles cada año. Sin embargo, creo que el “a pesar de todo”, también da cuenta de que no es fácil llegar hasta el lugar del encuentro con todas las compañeras y que ninguna se quede sin participar si desea hacerlo; lo que implica meses y meses de organizar actividades de finanzas y trabajar juntas para poder viajar. Eso sin contar a la gente que atenta contra el Encuentro, como las empresas de colectivos que tantas veces estafan a las compañeras; o el mismo destino, que a veces parece que no le gusta que nos organicemos, ya que hubo un gran accidente que dejó a cientos de compañeras paradas en la ruta duramente más de 5 horas, haciendo que muchas llegáramos tarde y no podamos participar de los talleres del sábado.
Pero las mujeres estamos históricamente preparadas, por la doble explotación de este sistema Capitalista y Patriarcal, a que nada nos sea fácil; así que llegamos tarde el sábado, pero pudimos aprovechar de las actividades culturales y de la plaza central, que es casi la fiesta feminista más maravillosa, solo superada por la magia de la marcha. Tan felices estábamos de haber logrado llegar, que ni nos molestaron los tipos que nos gritaron “Vuelvan a la cocina”, por la calle cuando volvíamos a la escuela esa noche.
Con compañerismo y trabajo en equipo, nos organizamos en la escuela para dormir y el domingo nos levantamos temprano para poder aprovechar el día. Desayunamos todas juntas, más de 100 compañeras de distintas partes del país, algunas conocidas y otras no, pero eso pasa a segundo plano en el Encuentro, porque sabemos que todas somos compañeras, que todas somos una. Durante el desayuno algunas compañeras dieron una charla de seguridad para la Marcha, porque los años anteriores ya han demostrado que hay que estar preparadas para la represión, porque la sociedad machista dice que no le gusta que mostremos las tetas o que pintemos las paredes; aunque nosotras sabemos que el problema es que les asusta que tomemos las calles, que los obliguemos a escuchar que nos están matando, y que vamos a seguir luchando.
“El Encuentro somos todas”, y nos distribuimos en 71 talleres, en 17 escuelas y universidades, para debatir, para compartir historias, para hacer política, para tomar decisiones; donde todas y cada una puede expresarse libremente y ser escuchada. Yo participé del taller “Violencia, Abuso y Acoso Sexual”, con unas 60 compañeras más, en el que muchas se atrevieron a decir por primera vez en voz alta las horribles experiencias que habían vivido, porque en el Encuentro nos entienden, no nos juzgan, estamos a salvo, estamos contenidas, estamos acompañadas, estamos JUNTAS. Pero tampoco se trata solo de desahogarse y comenzar a sanar individualmente, sino de LUCHAR colectivamente: organizar un escrache para que todo el mundo sepa que alguien es un violador y para que las demás mujeres se mantengan alejadas cuando no se hace justicia; asesorar y acompañar a la que se animó a denunciar y sufre la revictimización constante por el nefasto sistema judicial argentino; reafirmar la responsabilidad del Estado; debatir cómo deberían tratarse los casos de violencia de género en los distintos ámbitos; compartir experiencias de lucha y herramientas para luchar entre todas desde los distintos puntos del país.
Después del cierre de los talleres llega la hora de la Marcha, tan fuerte, tan polémica. La energía se siente en el aire desde horas antes: algunas se ponen la remera de la agrupación a la que pertenecen y levantan una bandera; otras se maquillan entre todas sentadas en el pasto o en la vereda; brillos, colores, globos, pelucas y tetas. Sí gente, TETAS al aire, con brillantina o con frases escritas en labial, LIBRES; porque eso es lo que le molesta tanto a la sociedad machista, que mostremos las tetas porque queremos, no porque nos pagan por ello ni por estar en televisión; porque somos dueñas de nuestros cuerpos, les guste o no, y nosotras decidimos cuándo y cómo nos desvestimos.
Fue tanta la ansiedad, tantas las ganas de mostrarle a Resistencia que somos muchas las mujeres feministas, que la marcha arrancó a moverse antes de horario. Llena de energía, de colores, de redoblantes, cantos y baile: “Y ahora que estamos juntas, y ahora que sí nos ven… ¡abajo el patriarcado que va a caer que va a caer!, ¡arriba el feminismo que va a vencer que va a vencer!”
Una fiesta casi absoluta, salvo por el hecho de que por la represión sufrida los últimos años, para poder marchar hay que hacerlo encolumnadas, hay que asignar compañeras responsables de seguridad, y las de afuera del cordón no dejamos de mirar para todos lados ni un momento, por miedo a que se pudra, a caiga la policía, a que los autos no frenen en las intersecciones, a que alguien intente hacer daño a alguna compañera. La tensión no se disipa del todo para las de afuera casi en ningún momento, pero la fiesta del interior de la columna tiene tanta energía, tanta felicidad, tanta fuerza, que puede más.
“Boluda... ¡correr en tetas atrás de la bandera fue lo mejor que me pasó en la vida!”, dijo una compañera en un momento en que nos apuramos para no dejar espacio antes de cruzar la calle. Y esa frase lo resume todo: el poder sentirse libre y segura en las calles, entre compañeras; la alegría de la marcha, la potencia de nuestros cantos, la fuerza de la sororidad… al punto de que todas y cada una de nosotras se vuelve exhausta pero con el alma llena a armar el bolso para volver; y con la convicción de que juntas vamos a derrotar al machismo, y salir a la calle cada día se va a sentir igual que en la marcha.




Comentarios

Entradas populares