Solos hacemos muy poco, juntos hacemos tanto!
El 2015 terminó con un sabor amargo, con tristeza por la situación política del país, con preguntas acerca de por qué tanta gente votó por un “cambio”, sin detenerse a pensar cuál sería… El 2016 no comenzó mejor: despidos a cientos de trabajadores, manifestaciones y represión; mientras muchos compañeros de clase, cegados por el odio al kirchnerismo, festejaron esos despidos sin cuestionar nada…
Sin embargo, por más que la situación real sea la misma; la anímica y emocional hizo un cambio radical, al menos para los que tuvimos el privilegio de asistir al primer campamento del FUG.
Compañerismo, solidaridad, amabilidad, respeto, trabajo en equipo, colaboración, sonrisas, abrazos… parte de la esencia de los compañeros y las compañeras que comparten una identidad guevarista; porque no importa que hayamos sido cerca de 150, muchos de los cuales nos habíamos vistos solo unas pocas veces, porque no necesitamos saber el nombre de una persona para considerarla un compañero o compañera; porque nuestros corazones laten juntos y sabemos que podemos contar con el otro, confiar en él...
Leímos, debatimos, estudiamos, nos formamos… pero la parte formativa no se puede separar de lo sentimental en situaciones como ésta; porque en el campamento tenemos el regalo de poder vivir 5 días como quisiéramos vivir toda la vida, 5 días en una microsociedad socialista que quisiéramos que se expanda por el mundo entero, como dijo Rosa Luxemburgo: “Por un mundo donde seamos socialmente iguales, humanamente diferentes y totalmente libres”.
Imposible separar lo que aprendemos de lo emocional cuando aprendemos de los grandes maestros que tenemos, que dicen que son los “viejos”, pero se sientan a nuestro lado y comparten cada momento con nosotros. “Viejos son los trapos”, nunca mejor dicho; porque no se puede ser viejo cuando se tiene tantas ganas de vivir, cuando se tienen tantas pilas para enseñar, acompañar y contener a los demás. Más que viejos, yo diría que son los GRANDES, los ENORMES; tan sabios y tan humildes a la vez, con tanto conocimiento y que escuchan con atención a todo lo que los demás tengamos que decir… ¡cuánto que hay por aprender de los enormes! Y no me refiero a conocimiento simplemente, sino a los valores, porque ejemplos como esos hay pocos y todos tenemos que, al menos, aspirar a convertirnos en la mitad de buenos ejemplos para las generaciones futuras que ellos.
De todas formas, ENORMES, hay de todas las edades, sexos, características y regiones del país, de todos los sectores del pueblo; porque estuvimos 5 días acampando con todas personas de las que hay algo que aprender, todas personas que tienen algo que decir, algo que regalar a los demás; porque, como dijo el Che: “La sociedad en su conjunto debe convertirse en una gran escuela.” Es increíble que podamos ser tan diferentes, vivir en contextos tan diversos, utilizar lenguajes tan distintos… y a la vez estar tan conectados, tan unidos, sintiendo y pensando lo mismo, compartiendo ideas, proyectos e ideales…
Y ahora tocó volver cada uno a su ciudad, separarnos físicamente, aunque no mental ni emocionalmente; volver a una realidad que se presenta cada vez más dura; pero no volvemos como nos fuimos… volvemos recargados de energía, sonriendo y agradeciendo la experiencia compartida, con el corazón que no entra en el pecho de la emoción y las ganas de seguir adelante; para seguir aprendiendo, seguir militando, generar conciencia y convertir al mundo entero en un campamento; porque, como dijo el Che, hay que “amalgamarlo, explicarlo y hacerlo de carne, en cada uno de los que no lo han entendido, aún en aquellos que todavía no lo sienten como una cosa interna. Ir poco a poco convirtiéndolo para ellos también en una necesidad.”
HASTA LA VICTORIA SIEMPRE.


Comentarios
Publicar un comentario