Demonio Claus
Luces de colores, girnaldas, pinos de plástico.
Montones de comida, mucha familia, pilas regalos.
Comemos más de lo que podemos, bebemos más de lo que debemos, compramos cosas que no necesitamos y, muchas veces, gastamos más de lo que podemos.
Para los católicos fanáticos se trata de celebrar el nacimiento de Jesús.
Para algunos se trata de reunirse con parientes y reencontrarse luego con amigos de tiempos pasados.
Para otros, se trata simplemente de beber sin límites, tapujos o juicios por parte de los demás.
Para algunos otros, se trata de salir de fiesta con amigos hasta el mediodía.
Mientras que para algunas, se trata de estrenar vestidos o zapatos nuevos y caros.
Y así estamos todos, fingiendo simpatía con algunos, saludando para cumplir a las doce, distrayéndonos con el vino y la sidra, mirando fuegos artificiales, repartiendo regalos…
Para los adultos no se trata más que de una noche compartida con familiares queridos, y con una cuota extra de hipocresía y callarse lo que uno realmente piensa.
Pero, ¿para los más chicos?
Para los niños, se trata de imaginarse un gordo vestido de rojo, con barba y cara de bueno, que trae juguetes a los que se portaron bien durante el año.
La fantasía del famoso Papá Noel (o “Santa Claus” para los más “yankeezados”) crea este imaginario en los niños de que, si fueron buenos y escriben una cartita, les van a regalar el juguete que tanto quieren; y que si no ocurre, es porque ¡no fueron buenos niños!
De esta forma, los niños de familias acaudaladas reciben regalos grandes, aunque hayan sido caprichosos y egoístas durante un año entero; y los niños de familias humildes reciben algo pequeño, si es que lo reciben, aunque hayan ayudado a su familia y sido generosos desde las festividades anteriores.
¿Nadie se detiene a pensar qué piensan esos chicos?
¿A él le dieron un regalo más lindo porque es mejor que yo?
¿Me habré portado mal y no me di cuenta?
¿No habré ayudado lo suficiente?
¿Qué hice mal?
¿Por qué no merecí el regalo que yo pedí?
El consumismo genera que los chicos se preocupen más por el regalo que van a recibir, que por dejar fluir los actos espontáneos que tanto caracterizan la niñez, y que muchas veces son los que los forman desinteresadamente, preocupándose por los demás, compartiendo, siendo generosos…
Además, la fantasía del viejo barbudo vestido de rojo, hace que los chicos crean que los regalos caen por una chimenea o aparecen mágicamente debajo de un árbol; en lugar de saber del esfuerzo que les costó a sus padres adquirir ese juguete, tal vez mucho más caro de que lo podían pagar, pero que trabajaron horas extras para poder comprar, para no defraudar al niño. Los chicos creen en un hombre mágico en lugar de ver que a los que deberían admirar es a sus padres, que hacen y dan todo por ellos.
Se acentúa la desigualdad social y se va generando el rencor y la envidia en algunos; y el sentido de superioridad de otros; desde muy temprana edad. También se aumenta la depresión en los padres que no pueden comprar el regalo que quieren sus niños, y el dolor de tener que inventar excusas para hacerles entender que no recibieron lo que esperaban, pero que eso no los hace menos buenos…
Comprendo la importancia de proteger la infancia, de mantener cierto grado de inocencia en los niños, pero en lugar de amenazarlos con que se porten bien o Papá Noel les va a traer carbón; podríamos protegerlos de las barbaridades que se ven en los medios de comunicación día a día. En lugar de hacerles creer que reciben un regalo caro porque fueron buenos, se les podría enseñar la importancia de la generosidad y de compartir.
¿Podríamos organizar una cadena de regalos?
No tendría que tratarse de regalos caros, pagados en cuotas y que endeudan de familias; podría tratarse de regalos hechos a mano, con amor y dedicación; o de buenas acciones, hechas desinteresadamente hacia alguien más.
En este mundo en el que reinan el consumismo y el individualismo, podríamos combatir y hacer la diferencia, con una tradición propia, no importada de otras culturas, de generosidad, amabilidad y compañerismo.
¿No serían mucho más saludables y felices las fiestas así?


Comentarios
Publicar un comentario