Sueños de mimbre
Toqué con ansias muchas puertas,
no se si pude abrirlas,
no se si pude entrar...
pero lo que yo en realidad quería era salir.
Las cicatrices del destino,
persiguen mi alma enfermiza.
Que curioso es estar aquí, en este sótano oscuro,
mirando por ésta, mi hendija propia.
No soporto permanecer aquí adentro,
el mundo lo sabe...
yo nací para volar en esta vida incoherente,
para detonar el cambio,
para destruir esta farsa,
para romper con estas cadenas,
deshacerme de la fragilidad del alma,
que juntos logremos el milagro...
Pero los recuerdos siguen allí,
y el cielo dorado se aleja de mí,
la claridad ya no quiere acompañarme.
Soy un náufrago perdido,
en un mar de ilusiones,
un océano espeso, opaco y malévolo.
Siento náuseas con sólo pensar
que los recovecos de mi alma,
son transparentes para los demás...
Ya no creo en un destino,
ya entendí que en esta vida,
soy sólo alguien que recoge sueños de mimbre,
y que cree en que las palabras,
y las plegarias dichas desde el alma,
pueden cambiar nuestro rumbo...
Me siento feliz en este implacable lugar,
sintiendo hasta lo más profundo de los corazones
de estos soldados de la verdad,
para quienes el insomnio no es un obstáculo,
sino un camino para poder percibir...
Aquí podemos mirar por los cristales y rogar piedad
para los que no son capaces de entrar en este templo,
remoto e invisible,
que acumula las pasiones más profundas.
Éstos péndulos traslúcidos
nos llaman con su armonioso sonido,
nos guían en nuestro camino,
nos alejan de los tristes suburbios...
Ya no me importa el correr de las agujas del reloj,
ni la amnesia, ni el dolor...
Sólo se que quiero seguir aquí,
en este frágil ideal,
ayudar a mantenerlo en pie,
con el poder de la verdad...
y algún día lograr,
las estrellas alcanzar.


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