No nos traguemos el cuento

Y ahora el mundo entero reza por París… otra vez.
¿Es que no se enteraron de toda la gente del mundo que murió entre el 7 de enero y el 8 de noviembre? No estoy diciendo que el pueblo francés mereciera vivir ninguna de esas dos tragedias, pero el mundo debería mirar un poco más allá de Estados Unidos y Europa. ¿Es que nada de lo que ocurra fuera de esas dos regiones importa? A los medios de comunicación internacionales es obvio que no, para qué molestarse en informar sobre los asesinatos de muchos más en Kurdistán, Siria, Palestina, Afganistán, Irak, Libia, Yemen, Líbano… ¿sigo?
¿Cuántos africanos, kurdos, sirios y palestinos valen por un francés? Y no salgan con el discurso de que “todos somos iguales” y pidiendo paz para el mundo; si mueren cientos todos los días y nadie dice nada, y mueren un puñado de parisinos y se detiene el mundo…
Me gustan los números, fijemos valores y acordemos parámetros… ¿cuánto vale un sirio?, ¿cuánto un kurdo?, ¿cuántos palestinos valen por un francés?, ¿cuántos afganos valen por un europeo?, ¿cuántos iraquíes valen por un yankee?...
Estás pensando que soy cruel, ¿no? Es todo una cuestión de estadísticas, y es incluso más de lo que hacen las grandes potencias, que ni siquiera piensan en los números, porque sólo les importa el pedazo de tierra; y si para poder robarse los recursos de la zona tienen que exterminar un pueblo entero es un “detalle menor”, un “error despreciable”, un “efecto secundario”, no valen ni el tiempo que llevaría hacer los cálculos…
¿Importa lo mismo la muerte de un trabajador de una planta que la del dueño de la empresa internacional? ¿Importa lo mismo la muerte de un campesino que la del dueño de miles de hectáreas? Seamos realistas… para el mundo, para el sistema, no valemos todos lo mismo.
Y más allá de lo que pase en otros países, nosotros argentinos, llenando facebook de banderas francesas en solidaridad con los parisinos; mientras que en nuestra propia tierra, niños mueren por desnutrición y por falta de atención médica en el norte; hay un femicidio cada 30 horas en territorio argentino, y los pibes de los barrios son víctimas del gatillo fácil de la policía y del narcotráfico, sostenido por el gobierno, todos los días acá mismo en Rosario…
¿Importa lo mismo la muerte de un policía que una piba “que se buscó que la asesinaran porque tenía pollera corta”? ¿Importa lo mismo la muerte de Nisman que la de cualquiera de los pibes “sin nombre” que mueren en nuestra ciudad? Seamos realistas… para “el modelo”, y para el resto de los burgueses de nuestra tierra, no valemos todos lo mismo.
Y más cerca todavía, en las escuelas, en las universidades, en las iglesias, en todos los comercios y pequeñas empresas de la ciudad; en el día a día…
¿Por qué vale más la palabra de un sacerdote amparado por la Iglesia que la de un niño que clama que fue abusado?
¿Por qué vale más la palabra de alguien del Ministerio de Educación que la de la maestra que enfrenta las condiciones sociales de la escuela todos los días?
¿Por qué vale más la palabra de un profesor que denigra a sus estudiantes todas las clases, que la de los alumnos que quieren hacer valer su derecho a una buena educación?
¿Por qué vale más la palabra del encargado que la del empleado que dice que no sabe que pasó con el dinero de la caja?
Hasta que no entendamos que el problema es que “la igualdad”, mientras sigamos en un mundo capitalista, basado en el individualismo y el consumismo; no va a ser más que una palabra más en un discurso o en una propaganda política; que mientras exista un primer mundo y un tercer mundo, las vidas de los ricos van a valer más que la los pobres; que mientras existan los propietarios de medio país, y los que se rompen el lomo laburando todo el día para sobrevivir, siempre va a valer más el que tiene más que el que tiene menos…
Hasta que no entendamos que “el cambio” no viene de la mano de ningún gobierno burgués, y que no va a haber “cambio” mientras cada uno tire para su propio interés o digamos “no me interesa la política”, y dejemos todo en manos de los demás… el cambio de fondo tiene que ser en la conciencia de todos y cada uno de los pobladores de la tierra oprimidos por una minoría, el cambio va a ser que dejemos de dejar las cosas “en manos del destino”; y empecemos a construir nuestro propio destino… sino, poniendo la bandera francesa o simplemente no diciendo nada, estamos apoyando que un francés vale más que un africano, estamos apoyando a Francia y a toda Europa, que tiene la excusa perfecta para poder prender fuego un refugio donde retienen inmigrantes en condiciones indignas, y echarle la culpa a los “anti-inmigrantes”, en lugar de asumir la responsabilidad; estamos apoyando que sigan bombardeando otros países, y tirando por tierra los derechos de las personas, con la excusa de “defenderse” o “protegerse”…
No seamos ingenuos, lamentemos los padecimientos de todos los pueblos del mundo, y “seamos siempre capaces de sentir en lo más hondo cualquier injusticia cometida contra cualquiera, en cualquier parte del mundo”, como decía el Che; pero no nos creamos las excusas del capitalismo para asesinar impunemente, no nos traguemos el cuento, no nos quedemos con los brazos cruzados.



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