Etiquetas y casilleros
Alguien me preguntó hace un tiempo: ¿por qué no escribís un blog?
Me pareció una idea interesante, pero automáticamente se me vinieron a la cabeza muchas preguntas más: ¿sobre qué escribir?, ¿y si no se me ocurre nada?, ¿cómo escribir?, ¿qué nombre le pongo?, ¿alguien lo leerá?, ¿a alguien le gustará?...
Me tomé mi tiempo para reflexionar sobre todas estas cosas, y me di cuenta de que no era necesario definir un tema preciso, y eso me hizo preguntarme: ¿por qué esa constante necesidad de ponerle un nombre o una etiqueta a las cosas?.
Vivimos en una sociedad que corre constantemente hacia una meta desconocida, o conocida pero oculta. A medida que crecemos, la niñez se torna un recuerdo feliz de lo simple que eran las cosas, simplemente porque no teníamos que tomar decisiones más allá de a qué jugar o qué peli ver, y la ansiedad más grande que enfrentamos es esperar a las 12 la noche del 24 para ver "qué nos trajo Papá Noel".
Pasamos la mayoría de edad y de un día para el otro todo es tomar decisiones: qué estudiar, cómo organizar los horarios, dónde y cuándo trabajar, dónde y con quién vivir, qué hacer o no hacer en el poco tiempo libre que la carrera hacia el éxito profesional nos deja...
Estar dentro de un casillero nos aburre y nos asfixia un poco, pero nos sentimos seguros dentro de las cuatro líneas que lo delimitan. No nos animamos a salir de un casillero a menos que tengamos el lugar libre en el casillero siguiente, y entonces avanzamos convencidos de que progresamos, sin detenernos a pensar si el casillero siguiente nos va a hacer más o menos felices.
Las etiquetas tienen el mismo efecto extraño en nosotros, somos hijos e hijas, hermanos y hermanas, alumnos y alumnas, novios y novias, trabajadores y trabajadoras, profesionales, madres y padres... y avanzamos en el ciclo sin siquiera detenernos a pensar si queremos la etiqueta realmente o si la perseguimos porque es a lo que nos acostumbra la sociedad. ¿Cuántas veces ponerle el título a una relación la termina destruyendo?, ¿cuántas veces aceptamos los títulos sin quererlos realmente y terminamos lastimando a otra persona?... ¿Cuántas veces nos encontramos en casilleros o con etiquetas que no queríamos realmente, pero que buscamos o alcanzamos simplemente para no decepcionar a alguien más o por miedo a enfrentarnos a tener que pensar qué es lo que realmente queremos?...
Sabemos lo que nos gusta y lo que no, lo que queremos y lo que no, siempre estamos listos para opinar sobre los demás; pero la mayoría de nosotros no nos detenemos a pensar por qué hacemos lo que hacemos, decimos lo que decimos, queremos lo que queremos o nos gusta lo que nos gusta...
A mí siempre me gustó escribir, pero nunca me animé a hacerlo público, más allá de mi mamá y de amigos cercanos, por miedo a que dejara de ser algo simple y espontáneo, que disfruto y que me organiza las ideas.
Pero en lugar de ponerle la etiqueta de "mío" o de "público" a las palabras, o de encasillarlas en alguna temática, decidí que voy a dejarlas fluir libremente, sin motivo ni apuro; con la esperanza de que mis palabras puedan entretener, hacer pensar o reír, o simplemente llenar un bache de algunos minutos libres de alguna persona que esté aburrida en internet y tenga ganas de leerlas.


Un proverbio chino dice que una caminata de 10000 km empieza con un paso...
ResponderEliminarFelicitaciones por tu primer paso...o tal vez no sea el primero...tal vez sea un paso más en la larga caminata que empezaste el día en que te diste cuenta que te gustaba escribir.
De todas maneras estamos muy felices por este paso y te prometemos que seremos tus más fieles y constantes lectores...y prometemos no criticar...mucho....!!!!
Adelante con mucha fuerza, no sabemos si al final del camino hay un Pulitzer o un Nobel, pero te aseguramos que el camino promete ser maravilloso y apasionante...!!!!
Muchas gracias por tan bellas palabras! Abrazo enorme desde el otro lado del charco :)
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